Comenzamos septiembre en medio de un calor insoportable, que quizá nos hace guardar las distancias y alejarnos del otro.
Sin embargo, el versículo evangélico nos invita a comenzar el curso escolar acogiendo al alumnado como si fuera el mismo Dios: toda una declaración de principios y de intenciones después de un verano tan complejo.
En el baile de siglas y acrónimos de la legislación educativa, no podemos olvidar que las personitas que llegan a las puertas de nuestra escuela son niñas y niños, llenos de ilusiones y miedos, pero también sujetos de derechos que merecen la mejor acogida posible. Y, por tanto, la mejor educación que podamos ofrecerles.
Ojalá tengamos un curso apasionadamente compasivo.